Lima alberga a más de ocho millones de habitantes. Las áreas verdes han disminuido para dar paso a autopistas y edificios; los techos de la ciudad se llenan de objetos viejos, polvorientos y en desuso y se convierten en depósitos improvisados. Nuestra capital cuenta apenas con 3.7 metros cuadrados de área verde por habitante, lejos del estándar recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 9 metros cuadrados por persona.

Los espacios con vegetación otorgan múltiples beneficios sanitarios, urbanísticos y ecológicos. Contribuyen al equilibrio climàtico, generan oxígeno, disminuyen la erosión del suelo y los riesgos de inundación, entre otros. Por suerte, son seis lo municipios de Lima —San Miguel, Lince, Miraflores, San Borja, La Molina y San Isidro– que buscan dar un nuevo aspecto a la ciudad, con iniciativas como ‘Techo Verde’ en San Miguel y ‘San Borja + Verde’.

En abril de 2014, el gobierno local de San Miguel aprobó la Ordenanza Municipal Nº 232, la cual descontará un 20% de arbitrios en el rubro de ‘parques y jardines’ a los vecinos que instalen áreas verdes en los techos y azoteas de sus viviendas.

Este año, el municipio de San Miguel presentó su propio techo verde para incentivar la participación de los vecinos. “Hemos terminado de implementarlo, tiene 150 metros cuadrados de áreas verdes, con dos sistemas: el hidropónico y el de membranas impermeabilizantes”, detalla la gerente de Desarrollo Urbano, Ana Victoria Díaz Boza.

Por su parte, San Borja ya ha instalado 60 techos verdes en la avenida Aviación gracias al programa ‘San Borja + Verde’. Otro buen ejemplo es el programa Techo Verde en Lince, el cual cultiva lechugas con un sistema de hidroponía en las azoteas. Otro distrito que se suma a esta corriente es La Molina, que ha fijado –mediante un decreto municipal– que las nuevas casas deben destinar un espacio equivalente a 25% de sus azoteas a implementar techos verdes.

El distrito de Miraflores, según el Decreto Municipal Nº 342, permite techar el 40% de las azoteas siempre y cuando se reserve un 10% para vegetación. Caso similar al de San Isidro que, según su gerente, Patricia Peña, permite aumentar los pisos de una edificación ubicada frente a parques solo si cumple con destinar el 50% de las azoteas a áreas verdes.

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