Desde principios del año 2012, el Perú se ha visto envuelto por la llegada de una gran cantidad de artistas coreanos exponentes del género musical del kpop. Grupos como JYJ, el primer grupo de kpop en llegar al país, Big Bang y Super Junior, han venido a Lima a realizar conciertos que han albergado a más de 10 mil fanáticas. Aunque para muchos peruanos el primer contacto con la música coreana haya sido la canción de PSY, Gangnam Style o también conocida como El baile del caballo, para muchos seguidores de este género y de la cultura asiática, la llegada del ‘hallyu’ al país ya tiene alrededor de una década.

Todos los domingos antes del mediodía, Alessa se prepara para ir de San Juan de Lurigancho al Campo de Marte. Ella tiene 22 años y trabaja como manicurista de lunes a viernes; sin embargo, los fines de semana los dedica, completos, a hacer lo que más le gusta: bailar. Mientras se retoca para salir de casa, su mamá le sirve un plato de arroz con pollo que ella comerá en menos de 15 minutos. Antes de sentarse a la mesa, revisa por última vez que el mini parlante y el usb estén en su mochila. Sería una locura olvidar esas dos cosas: su grupo no podría ensayar sin música. Ella y otras cinco chicas forman el grupo Girl Untouched y se reúnen religiosamente para practicar las coreografías de uno de sus grupos favoritos de k-pop: Girl Generation.

Alessa, al igual que cientos de jóvenes en Lima, forma parte del creciente grupo de fanáticos del k-pop y no se avergüenza de decirlo, no obstante que algunos de sus amigos, en cierto momento, la tildaron de rara por el hecho de escuchar música coreana. El tiempo le dio la razón: al final, fueron sus críticos quienes terminaron bailando al ritmo del Gangnam Style.

– ¿Acaso entiendes lo que dicen?, ¿hablas su idioma?–, le decían

A ella, eso no le importaba. “A mí me gusta el k-pop no solo por las coreografías y el baile, también me gusta porque las canciones de ellos tienen un mensaje muy diferente al del reggaetón, por ejemplo”, dice Alessa. “Esas canciones y los artistas me han enseñado a no rendirme.”

Hoy en día, no es difícil conocer detalles de las culturas que conviven en el planeta. Con la tecnología, los límites fronterizos no son un impedimento para acercarse y aprender una cultura diferente a la propia. Muestra de ello es el boom del ‘hallyu’ de la cultura asiática en varios países latinoamericanos, como Argentina, México, Perú y Chile. Desde hace un tiempo, la ola asiática impulsada desde Corea ha dado grandes pasos hacia Occidente y se está insertando cada vez más en el mundo a través de sus telenovelas y, sobre todo, con el k-pop.

“Yo llevo tres años en esto y he conocido a mucha gente aquí y de otros países que hacen covers igual que nosotras”, explica Ángela Guzmán, líder del grupo Girls Untouched.

Aunque ahora el k-pop ya es conocido por muchos, su llegada se remonta un par de años, cuando se transmitió por primera vez una novela coreana, conocidas también como ‘doramas’.

Del amor a la mexicana a la asiamanía

“Uno se cansa de ver el refrito de las telenovelas mexicanas”, me dice Mirta, estudiante de Comunicaciones y fan del grupo coreano Super Junior. “Todas esas novelas tienen la misma trama”.

Todo comenzó a fines de 1999, cuando el amor a la telenovela mexicana sufriría su primera ruptura con el televidente peruano tras la llegada del drama “Un deseo en las estrellas” y, después, con “Todo sobre Eva”. A fines de los 90, las telenovelas mexicanas eran las más vistas en el Perú y Latinoamérica. ‘Culebrones’ como “María Isabel”, “Primer amor a mil por hora” y las retransmisiones de “María la del barrio”, entre otras, copaban las tardes y noches para deleite de las amas de casa y las jovencitas que soñaban con llevar a su realidad las historias del príncipe azul que se enamora de la chica humilde. El canal ‘novelero’ de Perú, America, se encargaba de alimentar cada día ese sueño.

“Las chicas que estamos aquí hemos encontrado en los doramas un nuevo estilo de trama que es más real y verdadero. No hay una villana que quiere matar a toda costa a la buena. Además, he aprendido sobre la cultura asiática, las costumbres y tradiciones que allá tienen”, comenta Mirta.

Sin embargo, la llegada de los dramas asiáticos a la televisión peruana significó no solo la introducción de un nuevo formato sino, también, la entrada al mercado de la música coreana, aquella que ambientaba las escenas más intensas del capítulo del día.  El éxito de estas producciones ha sido, en gran parte, fruto de la participación de los artistas de k-pop, chicos atractivos que actúan, bailan y cantan, una imagen distinta al prototipo vendido en las películas de Hollywood. En la industria cultural estadounidense, los asiáticos siempre han sido vistos como los que saben pelear y dominan las artes marciales, pero estos doramas han mostrado otro lado de los hombres asiáticos. Ejemplo de ello se puede ver en el drama “Un deseo en las estrellas”, con la participación del coreano Ahn Jae Wook, cantante solista y actor.

Otro ejemplo de popularidad y su relación con el k-pop se produjo en el verano de 2013 con la llegada del actor y cantante Kim Hyun Joong, del grupo SS501. Él participó en la novela ‘Boys over flowers’, exitosa a escala mundial. De hecho, los doramas en el Perú adquieren cada vez mayor fuerza, al punto que incluso canales de señal abierta, como Panamericana, han incluido en su programación la transmisión de estas producciones asiáticas.

Para Alessa, Mirta y otras seguidoras de este género musical, los medios de comunicación han intentado mostrar a las fans de kpop como ‘locas’, adolescentes alborotadas a las que les gusta el k-pop solo porque está de moda. Ellas saben que sí hay chicas que se descontrolan y causan alboroto, pero ellas no quieren que el prejuicio se generalice. “No todas las fans somos así”.

Éxito y caída de los súper conciertos de k-pop en Lima

Desde 2012, varios conciertos de música coreana se han realizado en el Perú. En Lima, el primero fue el de JYJ, uno de los grupos más conocidos del k-pop. Luego llegaron Big Bang, Super Junior y otros. Pero a medida que había más conciertos, el número de asistentes disminuyó.

Mirta, estudiante de Comunicaciones y fan de Super Junior, opina que para los seguidores es es difícil asistir a todos los conciertos, por la sencilla razón de que no tienen con qué pagar las entradas. Muchos de los fans son menores de edad y estudiantes universitarios que dependen de sus padres; son muy pocos los que trabajan y tienen dinero disponible.

Pero hay más. Otro motivo de que este año no se hayan programado grandes conciertos de k-pop en el Perú es la aparición de falsas productoras que han estafado no solo a los fans, sino también a las empresas que representan a los artistas coreanos. Este problema, que también fue noticia en medios asiáticos, habría provocado que dichas empresas de k-pop no consideren al Perú como una parada en sus giras por América Latina.

A pesar de esta crisis, el k-pop sigue sumando seguidores para sus filas. Jóvenes de diferentes edades todavía se congregan en el parque Castilla de Lince para desarrollar las coreografías de sus grupos favoritos, igual que Alessa y Girls Untouched en el Campo de Marte. El centro comercial Arenales sigue siendo el ‘point’ de quienes gustan de la cultura asiática. Allí, en tiendas pequeñas, stands recargados de posters, fotografías y todo tipo de adhesivos, los fans pueden comprar discos de los dramas que produce Corea, peluches, cosméticos y comida especialmente enviada desde el continente asiático para alimentar una corriente que aún no despega del todo.

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